La reconexión con la biósfera

1. Vincular a las personas y el ecosistema

En nuestra sociedad globalizada casi no existe ningún ecosistema que no esté constituido por personas ni personas que no sean dependientes por completo de los ecosistemas y los servicios que proporcionan. El problema es que muchos de nosotros parecemos librarnos de la naturaleza y nos olvidamos que nuestras economías y sociedades están imbricadas en sus cimientos con el planeta y los ecosistemas que sustentan la vida y nos dan un clima estable, agua potable, alimentos, fibras y muchos otros productos y servicios. Ya es hora de reconectarse con la naturaleza y comenzar a contar y administrar ese capital de una manera sostenible.

Mensajes clave

  1. A pesar del enorme desarrollo tecnológico y los grandes avances, nuestras economías y sociedades todavía dependen totalmente de que los ecosistemas nos brinden un clima estable, agua dulce, alimentos, fibras y muchos otros productos y servicios.
  2. Es hora de comprender plenamente que nuestras sociedades y economías son partes integradas de la biósfera y comenzar a gestionar y contabilizar el capital natural. La lucha contra la pobreza y el desarrollo humano futuro no puede tener lugar sin una mayor conciencia acerca de las contribuciones de la naturaleza a las posibilidades de sustento, la salud, la seguridad y la cultura de las personas.
  3. No solo se trata del cambio climático sino de todo un espectro de cambios medioambientales globales que interactúan con las sociedades humanas, las cuales se globalizan con rapidez y son dependientes del clima y del medio ambiente. La investigación tiene la gran responsabilidad de proporcionar una mejor comprensión de los muchos desafíos que enfrenta la humanidad e investigar las soluciones para un desarrollo sostenible en un mundo que es cada vez más impredecible.
  4. El pensamiento resiliente es parte importante de la solución, ya que aspira a construir flexibilidad y capacidad de adaptación en lugar de intentar alcanzar una producción estable óptima y beneficios económicos a corto plazo.
  5. Es hora de un nuevo contrato social de sostenibilidad global basado en una idea que debe cambiar: de considerar que las personas y la naturaleza son partes separadas a que ellas sean vistas como sistemas socio-ecológicos dependientes unos de los otros. En esta idea residen posibilidades interesantes para lograr un desarrollo social que coopere con la biósfera; una agenda global de sostenibilidad de la humanidad
T.H. Snickars/Azote

T.H. Snickars/Azote

Desde comienzos del siglo XIX la población sobre la Tierra ha aumentado mucho, de mil a siete mil millones. Y continúa aumentando, aunque a un ritmo menor. Durante los últimos doscientos años, en particular después del final de la II Guerra Mundial, factores tales como el desarrollo económico, los inventos, los nuevos productos medicinales y la cooperación internacional han contribuido a lograr un mayor estándar de vida y mejor salud para un número cada vez mayor de personas. A pesar de que mil millones de personas viven en la pobreza absoluta y tres mil millones viven con menos de 2,5 dólares por día.

Durante el mismo período los bosques, lagos, mares y otros ecosistemas terrestres han comenzado a mostrar cada vez más signos de graves enfermedades. En 2005 fue publicada la evaluación de la ONU “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio” (EM), el primer control de la salud global de los ecosistemas terrestres. El diagnóstico fue claro: las necesidades crecientes de alimentos, agua potable, madera, fibras y combustible de la humanidad han modificado los ecosistemas terrestres de manera más rápida y vasta durante los últimos 50 años que cualquier período anterior. La evaluación estableció que aproximadamente el 60% de los servicios ecosistémicos que sostiene el bienestar de los seres humanos está agravándose o es utilizado de una manera no sostenible. El estado de los ecosistemas corre el riesgo de agravarse durante la primera mitad de este siglo y constituye un impedimento grave para disminuir la pobreza global y alcanzar los objetivos del milenio.

Todo está relacionado

Entre esos sombríos pronósticos la evaluación trajo consigo algunas buenas noticias. Significó una mejor comprensión de las relaciones entre los avances humanos, el desarrollo económico y la gestión de los ecosistemas terrestres. En lugar de separar las cuestiones relativas al medioambiente y el desarrollo, EM ha contribuido a explicar que las personas y nuestras sociedades son partes inseparables de lo que llamamos la biósfera: el sistema ecológico global que comprende a todos los seres vivos sobre la tierra y en la atmósfera. La evaluación EM destacó también la importancia de atribuir un valor económico a los productos y servicios de la naturaleza. La conclusión fue que la lucha contra la pobreza y el desarrollo económico futuro solo puede lograrse poniendo mayor acento en una buena gestión de los ecosistemas y su capacidad de generar servicios vitales.

Vines/Flickr

Vines/Flickr

Un ejemplo contundente es la cuenca hidrográfica Goulburn Broken en el régimen fluvial Murray-Darling, que ha sido una de las principales fuentes de ingresos del estado federal Victoria en Australia. Gracias a una labranza de la tierra amplia y aparentemente bien adaptada con pasto y huertos de frutos, la región ha florecido durante mucho tiempo. Pero cuando el análisis comprende la resiliencia o la capacidad de la región para mantener esta actividad, la cuestión se ve de manera diferente. Los árboles locales con raíces profundas han sido reemplazados, después de una deforestación generalizada, por cosechas y plantas que favorecen los pastos, los cuales absorben menos agua. En combinación con la irrigación, esto ha dado por resultado niveles crecientes de aguas subterráneas, que transportan a su vez sal a estratos de suelos más profundos hasta la superficie, causando graves problemas de salinización en la región.

Otro ejemplo de interacción entre los cambios sociales y ecológicos es la creciente demanda global de aceite de palma y madera tropical, algo que ha convertido a grandes regiones de Borneo: de ser bosques tropicales con una rica variedad biológica a convertirse en regiones cubiertas con monocultivos de aceite de palma. Si a esa ecuación se suma el papel del fenómeno meteorológico El Niño, la situación pasa a ser crítica. Los bosques tropicales de la región están dominados por árboles de la familia de las dipterocarpaceae, cuya reproducción está íntimamente vinculada con El Niño. Hasta el 90% del género de las dipterocarpaceae sincroniza su florecimiento con las condiciones meteorológicas secas que tradicionalmente se presentan cada cuatro años bajo la forma de El Niño. El florecimiento masivo y la subsiguiente fructificación comprende miles de especies sobre millones de hectáreas y constituye una estrategia revolucionaria que garantiza que al menos algunas semillas sobrevivan y puedan germinar.

La relación dinámica entre los árboles de la familia de las dipterocarpaceae y El Niño ha existido durante miles de años, pero la necesidad global creciente de aceite de palma quiebra ahora al sistema. La deforestación intensiva de los árboles ha disminuido la densidad y la cantidad de árboles maduros hasta un nivel que está debajo del nivel umbral crítico y limita la formación masiva de semillas. Además la introducción de incendios regulares en la región agrava la sequía y ha causado un cambio radical en la ecología del bosque. En suma, esto ha convertido a El Niño en una fuerza más destructiva que regenerativa. De ser un sumidero de carbono, Borneo pasó a ser una fuente de carbono en este proceso, con incendios que emiten enormes cantidades de dióxido de carbono y hacen de Indonesia uno de los países con más altas emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo.

El pensamiento resiliente

El concepto “resiliencia” es un enfoque científicamente cada vez más utilizado para analizar los sistemas sociales y ecológicos imbricados. La resiliencia se utiliza no solo como un marco para la investigación sino que se aplica cada vez más en la práctica. Hay ejemplos que van desde la planificación urbana en regiones desarrolladas hasta innovaciones experimentales en el ámbito del agua en la lucha contra la pobreza en regiones afectadas por la sequía en países en desarrollo.

Resiliencia es la capacidad a largo plazo de un sistema para manejar los cambios y continuar desarrollándose. Para un ecosistema, por ejemplo, un bosque, esto puede significar lidiar con tormentas, incendios y contaminaciones, mientras que para una sociedad puede significar la capacidad de manejar hechos tales como preocupaciones políticas y catástrofes naturales de una manera sostenible a largo plazo. Sin embargo una disminución de la resiliencia puede conllevar cambios no deseados en un sistema. Los ejemplos comprenden desde las sabanas que se convierten en desiertos de malezas, arrecifes de corales que se transforman en montones de gravilla cubiertos de algas, la eutrofización de los lagos, y puertos en un estado de florecimiento de algas venenosas y muerte de peces. El resultado tiende a ser ecosistemas con baja diversidad biológica, sensibles a los cambios y que generan un número menor de servicios ecosistémicos de los cuales dependen las sociedades humanas.

Cada vez es más importante tener mayor conocimiento acerca de la manera en que podemos fortalecer la resiliencia en sistemas socio-ecológicos interconectados, en virtud de los cambios climáticos y otras repercusiones sobre el medio ambiente.  Por eso la inversión en resiliencia puede ser vista como un seguro. Al proteger recursos críticos, aumentan las posibilidades de resistir las conmociones, como ser las inundaciones y tormentas.  Esto es muy importante teniendo en cuenta la futura inseguridad y la limitada comprensión de la mayor vulnerabilidad que la influencia del ser humano ha causado. En el fondo, la teoría de la resiliencia afirma que el centro de muchos de los problemas graves y recurrentes relativos a la gestión de los recursos naturales es la deficiente comprensión de que los ecosistemas y los sistemas sociales son cambiantes y totalmente imbricados.

Hora de contabilizar el capital natural

Un gran desafío es hacer que los servicios ecosistémicos sean más visibles en la economía. Establecer un valor a los servicios ecosistémicos aumenta la conciencia de los investigadores y las autoridades encargadas de tomar decisiones políticas. Si bien la base científica y los mecanismos financieros y políticos todavía están en desarrollo, existen varias iniciativas prometedoras. Un ejemplo es el estudio “La economía de los ecosistemas y de la biodiversidad” (TEEB, por su sigla en inglés) que busca una mayor conciencia en las autoridades encargadas de tomar decisiones en todos los niveles (autoridades encargadas de tomar decisiones a nivel local, regional y nacional,  ejecutivos líderes de empresas y particulares) acerca de la contribución de la naturaleza a las posibilidades de sustento, salud, sanidad y cultura de las personas.

Una conclusión del estudio es que los costes por pérdidas forestales en 2008 fueron mucho mayores a la crisis financiera entonces existente (entre 14 000 y 35 000 mil millones de coronas suecas). En otras palabras, la economía global perdió más debido a la desaparición de bosques que por la citada crisis bancaria de ese año.

Al mostrar el enorme valor de los bosques, el agua dulce, las tierras y los arrecifes de corales, TEEB ha contribuido al colocar a la gestión de la diversidad biológica en la cima de la agenda política.

Como reconocimiento a TEEB, la India ha comenzado a cambiar su contabilidad nacional de tal manera que tiene más en cuenta el capital natural e integra el valor de los servicios de la naturaleza en las decisiones junto con el PNB. China es otro de los países en el que las inversiones en capital natural y pagos por los servicios ecosistémicos han comenzado a integrarse en un nivel muy elevado. TEEB resalta también que la capacidad insuficiente de la industria y el comercio de considerar el valor del capital natural, por ejemplo, en la minería, puede conllevar riesgos significativos económicos y sociales. Hay cálculos que estiman en 2200 mil millones de dólares la influencia negativa en el medio ambiente causada por las 3000 principales compañías que cotizan acciones en bolsa.

Se puede realizar una mejor integración de los ecosistemas y sus servicios en las actividades de las empresas mediante el llamado Servicio de Revisión Corporativa de los Ecosistemas (ESR, por su sigla en inglés), desarrollado entre otros por el World Resources Institute. ESR es un método de cinco pasos que ayuda a los ejecutivos líderes de empresas a desarrollar estrategias de manera activa para manejar los riesgos y las posibilidades que surgen de la dependencia e influencia de sus empresas sobre los servicios ecosistémicos. ESR ha sido traducido a seis idiomas y es utilizado por más de 300 empresas.

Un ejemplo es la empresa internacional de embalaje y papel Mondi que realizó un ESR para tres de sus plantaciones forestales sudafricanas. El análisis dio por resultado varias estrategias nuevas: el uso de especies vegetales invasivas para la producción de energía y calor (antes se las arrancaba de las plantaciones y se desechaban); la decisión de cofinanciar medidas para ahorrar agua entre los propietarios de la tierra río arriba en la zona de desagüe; y la plantación de cultivos energéticos que brinden más ingresos a los lugareños.

Otro ejemplo es la reducción de emisiones por deforestación y degradación de bosques (REDD+, por su sigla en inglés).  Utilizado de manera correcta puede constituir una alternativa rentable para disminuir la emisión de CO2, y favorecer la producción de servicios ecosistémicos.  REDD+ es una prolongación del programa anterior RE DD y se extiende más allá de evitar la deforestación y minimizar las actividades que destruyen los bosques. RE DD+ incluye también la restauración, la plantación de árboles,  la gestión sostenible y tienen el objetivo expreso de asegurar la participación plena de los pueblos originarios y las poblaciones locales.

Si bien está lejos de ser una solución perfecta, las estimaciones muestran que los flujos financieros por menores emisiones de gases de efecto invernadero a través de RE DD+ pueden ascender a 30 mil millones de dólares por año. Además de frenar los cambios climáticos, RE DD+ puede también generar un número adicional de utilidades, incluida la conservación de la diversidad biológica y muchos otros servicios ecosistémicos. Esos servicios ecosistémicos son importantes por las posibilidades de sustento para millones de personas e incluyen la protección contra la erosión, estabilizar los flujos de agua y diferentes tipos de productos forestales.

Manejar el cambio global

Aumentar la conciencia acerca de la interacción dinámica entre los sistemas sociales y ecológicos es un desafío en sí mismo, pero pensar en nuevas maneras de conducir esos sistemas ecológico-sociales es más complejo todavía. Exige una capacidad institucional y querer manejar, adaptarse y diseñar los cambios repentinos. La transición de una gestión rígida de recursos basada en el sector a una gestión más adaptativa basada en ecosistemas va a ir a un ritmo lento, por ejemplo, mediante el “enfoque ecosistémico”, que es el marco primario de medidas incluido en la Convención sobre Diversidad Biológica de la ONU (CBD, por su sigla en inglés).

La gestión basada en el ecosistema es una manera de gestión adaptativa que no solo apunta a manejar la influencia del ser humano en los ecosistemas. También toma en consideración la capacidad de los ecosistemas de generar productos y servicios diseñados por personas. Se pone de relieve la importancia de la manera de actuar del ser humano, como las colaboraciones entre individuos, redes, organizaciones, autoridades, investigadores y usuarios de recursos locales. La investigación indica que las redes sociales y organizaciones flexibles que se basan en el aprendizaje en común tienen mejores condiciones para conservar y utilizar de manera sostenible los sistemas ecológicos.

Esas maneras adaptativas de gestionar y dirigir los sistemas socio-ecológicos deben resolver la coordinación de los actores en varios niveles y arribar a una cooperación útil y medidas colectivas antes de que los servicios básicos de los ecosistemas se vacíen o se hayan sobrepasado los umbrales críticos. Las personas clave son importantes para crear confianza y visiones, al mismo tiempo que las organizaciones puente han demostrado poder disminuir los costes de la cooperación y el manejo de los conflictos. Pueden reunir grupos que en otro caso no se hubieran reunido y aumentan el aprendizaje y la confianza entre las partes interesadas.

J. Lokrantz/Azote

J. Lokrantz/Azote

La gobernanza adaptada y la gestión han surgido a nivel local en todo el mundo, pero cada vez es más frecuente a nivel regional y global. La región Kristianstad de humedales en el sur de Suecia es un caso en el que la gestión basada en los ecosistemas se ha realizado de manera exitosa. Los humedales, que brindan importantes servicios ecosistémicos tales como protección contra las inundaciones, valores culturales y recreativos y prados de hierba para pasto y siega, empeoraron gradualmente hasta que la organización Ekomuseum Kristianstads Vattenrike (Reserva Biósfera Kristianstads Vattenrike, EKV, por su sigla en sueco) fue creada en 1989. Si bien la organización no tiene competencia para crear o mantener leyes, EKV ha generado cambios y juega un papel muy activo, influyente y constructor de puentes en la gestión de los humedales. En junio de 2005 los humedales fueron nombrados formalmente como Reserva Biósfera de la UNESCO, el organismo de la ONU.

Existen ejemplos de conducción adaptativa también a nivel internacional, por ejemplo, las medidas adoptadas para detener la pesca ilegal y la no regulada en las aguas de la Antártida. La cooperación internacional eficaz entre los estados fue impedida en sus comienzos por ser un asunto sensible en lo político, pero los actores no estatales (las organizaciones no gubernamentales y el sector pesquero) y su interés en la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos hizo posible solucionar los problemas de maneras nuevas. Un pequeño número de personas clave en países lejanos a la Antártida se movilizaron en redes personales y produjeron informes. Esta acción aumentó la conciencia política, creó programas de vigilancia voluntarios y presionó de manera informal sobre los estados y las industrias involucradas en la actividad.

Si bien la pesca ilegal y no regulada no ha desaparecido por completo, ha disminuido de manera significativa gracias al papel cumplido por los actores estatales y no estatales.