Desarrollo positivo en el Antropoceno

3. Innovaciones socio-ecológicas para las posibilidades planetarias

Hay muchos ejemplos que demuestran la enorme capacidad que tenemos los seres humanos para encontrar soluciones innovadoras que mejoren nuestras vidas. Pero la innovación no conduce siempre al mejoramiento. Algunos aspectos de la innovación pueden llevar al mundo en la dirección incorrecta, directamente opuesta a la de un futuro sostenible. El desafío al que nos enfrentamos es utilizar nuestra capacidad innovadora para reconectarnos con la biósfera (capítulo 1) y mantenernos dentro de los límites del planeta (capítulo 2) para proteger el desarrollo de los seres humanos a largo plazo. Es hora de introducir innovaciones que tomen en consideración las conexiones fundamentales entre los sistemas sociales y ecológicos.

Mensajes clave

  1. Está creciendo un enorme número de iniciativas sostenibles (Transition towns, agricultura agroecológica, gestión pesquera basada en los ecosistemas, energías renovables, etc.). Esas iniciativas necesitan crecer mediante fondos destinados a innovaciones, financiamiento “semilla”, fondos estructurales y otros incentivos para poder lograr una influencia global. Los medios sociales y otros avances en las tecnologías de la información y la comunicación pueden jugar un papel en este proceso.
  2. Las transformaciones a gran escala que están en marcha en, por ejemplo, la tecnología de la información, la biotecnología y los sistemas de energía, tienen posibilidades de mejorar nuestras vidas de una manera sostenible, pero solo si incorporamos conocimientos sobre sistema socio-ecológicos y límites planetarios en las evaluaciones de riesgos y las estrategias de desarrollo.
  3. Muchas soluciones económicas y tecnológicas sufren de “analfabetismo ecológico”, es decir, son demasiado lineales y están enfocadas en problemas particulares. Lo que se necesita es apoyo económico y político para experimentos controlados en las sociedades de todo el mundo, con la ayuda de diferentes tecnologías, organizaciones e ideas, por ejemplo en los llamados Laboratorios de Innovación.
  4. Quienes toman decisiones políticas deben aceptar un enfoque integrado que minimice los efectos secundarios negativos de “quick-fixes” (resolución inmediata), y ver en su lugar las numerosas posibilidades de invertir en el uso sostenible de los ecosistemas y sus servicios.
  5. Necesitamos un nuevo tipo de “innovaciones socio-ecológicas” y tecnologías que trabajen más directamente por la justicia social, la lucha contra la pobreza, la sostenibilidad ecológica y la democracia, y que al mismo tiempo incluyan toda la creatividad y la capacidad de innovación que se encuentra en los consumidores, los activistas, los agricultores, las pequeñas empresas y otros actores.
S. Edman/Azote

S. Edman/Azote

Es una paradoja fascinante que la misma capacidad innovadora que nos ha puesto en la actual situación puede también utilizarse para salir de ella. La historia ha demostrado que la humanidad ha logrado adaptarse a muchos desafíos complejos diferentes. La situación ante la que nos encontramos puede ser, sin embargo, la más difícil jamás enfrentada. Durante décadas los investigadores y organizaciones ambientales comprometidas han buscado cambios (o transiciones), suficientemente importantes como para modificar nuestro actual modo de vida. Ahora la política, la industria y el comercio y la sociedad civil comprenden cada vez más el mensaje y hay un número infinito de ideas acerca de cómo podemos cambiar y encontrar trayectorias más sostenibles (urbanismo verde, energías renovables, agricultura agroecológica y la pesca basada en ecosistemas, por mencionar algunas). El problema es que no solo debemos acelerar colectivamente nuestros esfuerzos, sino también encontrar nuevas maneras de solucionar varios problemas al mismo tiempo. Puede parecer un plan ambicioso, pero es absolutamente necesario y totalmente posible.

Una larga y dura tarea

A pesar de décadas de convocatorias al cambio, falta todavía una comprensión clara de los mecanismos y los modelos bajo los cuales los cambios globales puedan realizarse. La creciente preocupación por esta cuestión ha llevado a prestar más atención al papel que puede tener la innovación, pero la duda continúa: ¿podemos innovar de manera suficientemente rápida e inteligente como para lograr cambiar nuestro sistema del paradigma actual a un desarrollo más sostenible?

Desde el punto de vista de vista histórico la humanidad ha tenido gran confianza en la innovación tecnológica para transformar las sociedades y mejorar la calidad de vida. El ejemplo más evidente es la revolución industrial, mientras que el ejemplo más reciente es la manera  de comunicarnos en todo el mundo que cambia tan de prisa. Existen buenos motivos para creer en nuestra capacidad de innovación cuando tradicionalmente se la ha asociado con una mejor calidad de vida. Cuestionar la innovación va en contra de la esencia de la visión de nuestro mundo y las estructuras que dirigen nuestras vidas. Existen buenas razones para no cuestionar nuestra capacidad innovadora, pero no podemos negar que los últimos cincuenta años de gran innovación también han causado muchos efectos graves en el planeta. Además parecemos ser rápidos en un desarrollo tecnológico que no solo se acelera muy rápidamente, sino que también lleva consigo consecuencias indeseables y no intencionales. En otros términos, durante mucho tiempo hemos visto un desarrollo en el que tenemos menor control sobre los efectos negativos de nuestras innovaciones, pero hay un cambio en marcha.

¡Cuidado con la brecha de innovación!

Los problemas a los que nos enfrentamos son tan complejos que algunos sostienen que estamos atrapados en una “brecha de innovación” en la que los problemas del mundo se han convertido en algo tan complejo, que carecemos del ingenio necesario para resolverlos. Del mismo modo existe el argumento de que la “tecnósfera” (el motor innovador que ha impulsado nuestra economía moderna) está organizada de una manera que resulte difícil, por no decir imposible, vincular con ecosistemas que funcionen de manera eficaz. Los ecosistemas se basan en una dependencia mutua no lineal y en que parte de un sistema no puede separarse de otro, mientras que las máquinas y estructuras de la tecnósfera están basadas en una lógica lineal orientada hacia los resultados. Hablando claramente, la mayoría de las soluciones económicas y tecnológicas sufren de una forma de analfabetismo ecológico. Son demasiado lineales y están enfocadas en problemas particulares aislados. Existe la necesidad de un cambio en la manera de pensar.

El sector privado es, en muchos aspectos, una de las principales fuente del pensamiento innovador y por eso es fundamental para encontrar nuevas maneras de pensar en innovaciones más sostenibles. Pero es arriesgado confiar en que las empresas por sí solas puedan ocuparse de cuestiones tales como los cambios climáticos y la conservación de la diversidad biológica, ya que es improbable que introduzcan una nueva estrategia si al mismo tiempo no aumenta su competitividad. Las empresas pueden hacer una gran diferencia y existe un creciente movimiento global de emprendedores sociales con nuevas ideas que quieren contribuir a formar una sociedad sostenible, que le da una consideración primordial a otros valores que no son la rentabilidad. El núcleo de este movimiento es la idea de que el espíritu empresarial es una manera de alcanzar el cambio social. El interés en la innovación social y el espíritu empresarial social ha explotado en realidad durante los últimos años con programas de formación, conferencias, competencias y precios y fondos especiales para emprendedores que asuman la responsabilidad social y pongan los beneficios sociales en el centro de sus empresas.

El núcleo de la innovación socio-ecológica

El futuro no es necesariamente sombrío. Los cambios actuales a gran escala en, por ejemplo, la tecnología de la información, la biotecnología y los sistemas energéticos tienen una gran posibilidad de mejorar considerablemente nuestras vidas de una manera sostenible. Pero esto solo puede ser realidad si comenzamos a trabajar con la naturaleza en lugar de hacerlo contra ella. Es la idea detrás del nuevo concepto “innovación socio-ecológica”, algo que se ha definido como “innovación social, incluyendo la nueva tecnología, estrategias, conceptos, ideas, marcos reguladores y organizaciones que fortalezcan la capacidad de los ecosistemas en generar servicios y nos ayuden a evitar franquear los límites planetarios”.

Pero para aumentar nuestra capacidad de innovación en beneficio de un estilo de vida más sostenible debe existe asistencia y estímulo a la innovación socio-ecológica, especialmente en el sector privado. La necesaria transformación debe incluir la creatividad y el ingenio de usuarios, trabajadores, consumidores, ciudadanos, activistas, agricultores y de las pequeñas empresas en igualdad de condiciones.

Un ejemplo es la Fundación X-Prize, una organización sin ánimo de lucro estadounidense que se ha hecho conocida por la entrega de premios al primer viaje espacial tripulado financiado con capitales privados.  Esta empresa ha girado su atención hacia el estado de los océanos. En 2013 comenzó a organizar una competición de inventores para lograr el mejor equipo que pueda investigar la química cambiante de los océanos como consecuencia de los cambios climáticos. Es la primera vez que X-Prize ha decidido concentrarse en un área específica de investigación.

La legislación también juega un papel. Las leyes se caracterizan tradicionalmente por la intimación, “usted debe”, más que por estimular la innovación y la aproximación. Como reacción ha surgido el concepto “derecho reflexivo”. Se basa en la idea de que siempre y cuando se respeten algunos procedimientos básicos y las normas de organización, los resultados positivos se pueden alcanzar de conformidad con el principio “learning by doing” (“aprendizaje en la práctica”). Como respuesta a la creciente complejidad, se reemplazan las normas detalladas por los procedimientos que deben seguirse.  El derecho reflexivo es, de esta manera, una forma de innovación social que busca promover la gobernanza multinivel, conservar la diversidad y estimular la experimentación a nivel local.

Las soluciones “Bottom-up” de las crisis son un elemento central de todo esto. Existe un enorme potencial para el aprendizaje y la innovación que con frecuencia es visible en los momentos de crisis. Es un hecho que muchas de las mejores y más constructivas innovaciones provienen de comunidades afectadas por catástrofes (véase, por ejemplo, el caso de estudio 8). En 2007 se creó Coral Triangle Iniciative (Iniciativa sobre el Triángulo de Coral, CTI, por su sigla en inglés) para ocuparse de las numerosas amenazas que enfrentaba la zona triangular marina alrededor de Indonesia, Filipinas, Malasia, Papúa-Nueva Guinea, las Islas Salomón y Timor Oriental. En el surgimiento de esta iniciativa, los llamados “emprendedores institucionales” tuvieron un papel excepcional. Esos emprendedores son individuos y grupos de individuos que logran crear nuevas instituciones (normas y reglas que dirigen las interacciones humanas) o transforman las existentes. Los estudios de CTI han demostrado que la iniciativa fue creada en virtud de una pequeña red de una decena de emprendedores institucionales. Primero desarrollaron un marco científico que luego fue puesto en práctica en forma de asociación entre los seis países mencionados para conservar los recursos marinos de la región a largo plazo.  Esos diez emprendedores provenían tanto de la región como fuera de ella, principalmente de organizaciones no gubernamentales con una larga historia en el trabajo de conservación del medio ambiente oceánico. Junto con un número de fuerzas impulsoras subyacentes, inclusive las exigencias de desarrollo económico y social en la región, vieron una oportunidad dorada de crear una mejor red regional.

Los estudios de innovaciones que surgieron como respuesta a las catástrofes naturales y sociales subrayan la necesidad de que los gobiernos y los organismos con fines humanitarios den un paso atrás, “escuchen y se interesen” en las sociedades, en lugar de intentar “dirigir y planificar” en su nombre. Esto significa escuchar al contactarse con las comunidades locales para encontrar ideas e informar acerca de los recursos y posibilidades disponibles a nivel local. Confiar en las fuerzas locales, y permitir que crezca la diversidad de soluciones innovadoras es con frecuencia más fructífero que insistir en un proceso de planificación dirigido desde arriba.

Un ejemplo es Honey Bee Network en la India, una red que ha tenido gran repercusión internacional por su manera de brindar apoyo a las innovaciones “grassroots” en el campo en ese país. Aquí hay muchos lugareños pobres, pero ricos en conocimientos y talento, que carecen de recursos para convertir sus ideas en productos vitales. El fundador de la red, Anil Gupta, describe Honey Bee Network como una iniciativa que ayuda a los que no tienen nombre, a los innovadores sin rostro, a vincularse en una red en la que adquieren una identidad.

La investigación de la resiliencia también ha puesto el centro en las llamadas redes en las sombras: grupos informales de actores que pueden tener un papel clave cuando fracasan las redes y estructuras más formales. Uno de los ejemplos más conocidos es el de Chile, donde una combinación de poblaciones de peces colapsadas y la transición a la democracia en la década de 1980 abrió la posibilidad de experimentar con nuevas medidas para administrar la pesca. Los experimentos se basaban en asociaciones informales y la confianza entre pescadores, investigadores y la gestión de pesca. Era sabido que las poblaciones de peces de Chile estaban mal, había desorden y la gente buscaba respuestas. Esta situación permitió la apertura a nuevos puntos de vista. También había una buena comprensión científica de los ecosistemas cercanos a la costa en la región, como base para un nuevo plan de gestión. Esta situación llevó a que poco a poco se probaran nuevos modelos cooperativos de gestión pesquera, basados en las últimas investigaciones relativas a poblaciones de peces y los ecosistemas marinos circundantes.  El resultado final fue un sistema nacional revolucionario de derechos de posesión marinos que distribuye las aguas exclusivamente a la pesca local y artesanal. El sistema cierra el camino a las grandes flotas pesqueras industriales, que tienen sus propias zonas exclusivas de pesca. Al reducir así el número de grandes buques en áreas específicas, se puedo reducir la presión sobre la pesca.

Posibilidades planetarias

Escuchar a las redes en las sombras, como en Chile, es cada vez más importante para poder manejar los complejos problemas actuales medioambientales y de desarrollo. Los métodos tradicionales, impulsados por expertos, con métodos para solucionar los problemas dirigidos desde arriba no son, con frecuencia, lo suficientemente flexibles para ocuparse de manera eficaz de esos problemas imbricados, no lineales y rápidamente cambiantes. También se pueden extraer enseñanzas de los estudios de innovación de la comunidad empresarial y en la teoría de la organización. En esos estudios se ha puesto el acento durante mucho tiempo en acercarse a la innovación tanto desde una perspectiva “top-down” (de arriba hacia abajo) como desde una perspectiva “bottom-up” (de abajo hacia arriba), algo que a veces se denomina “Management up-down” (Mud, por su sigla en inglés). En principio esto implica una capacidad para relacionar a quienes tienen la responsabilidad de la estrategia de la empresa con las fuentes de innovación, que comúnmente tiene lugar en la primera línea, a pie de fábrica o en pequeños equipos designados a tal fin. Esto es una condición para movilizar los recursos exigidos para llevar una innovación al mercado y que crezca la innovación en sí misma. Las personas clave en este proceso son los “conectores”, que comprenden la orientación estratégica de la empresa y pueden proveerla a quienes trabajan en “el suelo”, identificar innovaciones prometedoras y venderlas a la conducción de la empresa.

En suma, las soluciones económicas y tecnológicas de hoy deben estar más ecológicamente orientadas y ver las numerosas posibilidades de invertir en el uso sostenible de los ecosistemas y sus servicios. Esto exige que organicemos la innovación y el desarrollo de las tecnologías de maneras nuevas que se basen más en redes, el uso de “fuentes abiertas”, (open-source) y la participación, y al mismo tiempo trabajemos más directamente por la justicia social, la lucha contra la pobreza y la sostenibilidad ambiental.  Los riesgos planetarios a los que nos enfrentamos son tan grandes que business-as-usual (lo de siempre) ya no es una alternativa.

En suma se puede constatar que muchas innovaciones sociales y transformaciones tecnológicas tienen grandes posibilidades de mejorar nuestras vidas de una manera sostenible. Pero para poder crear un desarrollo positivo en el Antropoceno, necesitamos ir más allá de las soluciones que solo disminuyen nuestra influencia medioambiental negativa y, en su lugar, desarrollar una manera de pensar que se base en que somos parte de la biósfera, no los conquistadores de ella. Hay muchos ejemplos de grandes avances tecnológicos que han mejorado la vida de la gente. El otro lado de la moneda es que muchos de ellos han empeorado el estado de los ecosistemas, que son la condición básica para nuestras sociedades y economías. Necesitamos innovaciones que puedan aumentar el bienestar de las personas y, al mismo tiempo, fortalezcan la capacidad de los ecosistemas de producir servicios.

De eso trata la innovación socio-ecológica.