El planeta dominado por el ser humano

2. De cazadores-recolectores a gestionadores de todo el planeta

Créase o no, durante la mayor parte de la historia de la humanidad hemos vivido como cazadores-recolectores. Ahora, gracias a la dramática evolución impulsada por los combustibles fósiles desde el siglo XIX, nuestra influencia sobre el planeta es tan grande que corremos el riesgo de desencadenar una serie de cambios medioambientales globales abruptos e incluso irreversibles. La gran pregunta es cómo podemos ser gestores inteligentes del planeta Tierra y encontrar un equilibrio a largo plazo entre el bienestar de las personas y un uso sostenible de los ecosistemas de la Tierra.

Mensajes clave

  1. La influencia del ser humano sobre el clima y el medio ambiente del planeta es en la actualidad tan grande, que la era geológica presente debe ser denominada “Antropoceno”, la era del ser humano.
  2. La influencia del ser humano ha alcanzado tal nivel que ya no se puede excluir el riesgo de cambios repentinos e irreversibles globales que ponen en juego nuestro propio bienestar.
  3. Los desafíos del siglo XXI – límites de recursos, inestabilidad económica, desigualdad, destrucción del medio ambiente – son señales claras de que “business-as-usual” (lo de siempre) no puede continuar.
  4. Somos la primera generación que sabe cómo nuestras acciones influyen sobre el planeta como sistema, y por eso somos la primera generación con poder y responsabilidad para cambiar esa situación.
  5. Los nuevos objetivos de desarrollo sostenibles globales (SDG, por su sigla en inglés) que reemplazarán a los objetivos del milenio después de 2015 pueden orientarse por el concepto “límites planetarios”, cuyo propósito es crear “margen de maniobras seguro”, científicamente definido, dentro del cual la humanidad pueda continuar evolucionando.
A. Maslennikov/Azote

A. Maslennikov/Azote

Las cosas han funcionado bien durante un tiempo, pero business-as-usual (lo de siempre) no puede continuar así. La humanidad ha comenzado a emitir más de lo que la naturaleza puede manejar y utiliza más recursos que los que los ecosistemas del planeta llegan a generar. En otros términos, hemos comenzado a consumir el capital de la Tierra, en lugar de vivir de los intereses.

La buena noticia de todo esto es que no solo somos la primera generación que saber cómo influimos sobre el medio ambiente global, sino que también somos la primera generación con el poder y la responsabilidad de cambiar esta situación.

La encrucijada del siglo XXI

Son indudables las pruebas de que la Tierra se está calentando y que las emisiones de gases de efecto invernadero del ser humano han causado la mayor parte de este calentamiento desde mediados del siglo XX. Igual de preocupantes como los cambios climáticos es la creciente erosión de la capacidad de los ecosistemas para producir productos y servicios. Existe una creciente aceptación sobre el hecho de que el ser humano debe ser visto como parte de la naturaleza  (y no disociado de la misma), y que la delimitación construida entre los sistemas sociales y ecológicos significan un enfoque riesgoso y arbitrario.

Los vínculos cada vez más fuertes entre la actividad humana y el sistema que mantiene la vida del planeta se refleja en el concepto Antropoceno. Indica que la huella del ser humano sobre el planeta es ahora tan grande, que la Tierra ha ingresado en una nueva época geológica. Parece que estamos dejando el Holoceno, el período notablemente estable en que nuestras civilizaciones se han desarrollado y florecido, e ingresamos en una nueva faz en el que la humanidad se ha convertido en una fuerza geofísica global. En otros términos, hemos pasado de ser cazadores-recolectores primitivos a ser una fuerza que corre el riesgo de cambiar a toda la Tierra en sus cimientos. En el peor escenario, el nuevo estado de la Tierra es mucho más caliente, con más mares y menos tierras, ecosistemas empobrecidos, desaparición masiva de especies y un número de graves consecuencias sociales y económicas.

La gran aceleración (impulsada por combustibles fósiles)

Hace aproximadamente 10 000 años se desarrolló la agricultura al mismo tiempo en cuatro partes diferentes del mundo. La humanidad ingresó en un camino que llevó a un estilo de vida cada vez más sedentario, con desarrollo urbano y de pueblos y civilizaciones complejas que se extiende sobre grandes regiones. Alrededor del año 1800 sucedió algo dramático. Las personas aprendieron a acceder y usar combustibles fósiles como nueva fuente de energía. Tuvieron lugar cambios dramáticos con mayor velocidad que nunca: con la ayuda de fuentes de energía fósiles los sistemas agrícolas y de manufacturación pudieron multiplicar la producción de alimentos y otros productos, y el consumo comenzó a crecer con una población creciente y más sana. Pocos supusieron que el uso cada vez más veloz de combustibles fósiles elevaría lentamente la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, por encima del límite del clima estable que caracterizó al Holoceno. La puerta de salida del Holoceno, de ingreso a la era siguiente, había sido entreabierta.

F. Pharand/Globaia

F. Pharand/Globaia

Después de la II Guerra Mundial todo parece ir más rápido y hemos pasado otro umbral más en la historia de la humanidad denominado “La gran aceleración”. Mientras la población se triplicaba, el consumo en la economía global aumentó muchas veces más rápido. Con inversiones directas extranjeras, el turismo internacional, los coches, los teléfonos y principalmente Internet, la conectividad de la humanidad ha aumentado a un ritmo asombroso desde 1950. De una manera que poco sorprende, la extracción y el uso de los recursos naturales – y la presión sobre el clima y los ecosistemas – también han aumentado fuertemente durante este período.

El informe de la ONU “Perspectivas sobre las Ciudades y la Diversidad Biológica” (2013), que es el primer análisis global del mundo de cómo la expansión de las ciudades influye sobre la diversidad biológica e importantes ecosistemas, muestra que la producción y el consumo en las ciudades ya ha contribuido con aproximadamente el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Más de 60% de la superficie que se espera que sea urbana hasta 2030 no ha comenzado a construirse, según el informe. Esto significa enormes desafíos, pero también grandes posibilidades de hacer que las ciudades sean sostenibles en el futuro, favoreciendo el bajo nivel de emisión de carbono, el desarrollo urbano eficaz de los recursos, que puede disminuir los efectos negativos sobre la diversidad biológica y mejorar la calidad de vida.

Es evidente que “La Gran Aceleración” conlleva grandes cambios en el medio ambiente y el clima del planeta. Se ha llegado tan lejos, que las actividades humanas han comenzado a socavar la resiliencia de todo el planeta debido a la explotación excesiva de la pesca, la deforestación de gran envergadura, la extensión de la agricultura, mayor flujo de nitrógeno y una importante pérdida de la diversidad biológica, por mencionar algunas causas. Sin embargo, hay un aspecto que merece especial atención.

El mar olvidado

Somos seres vivientes y por eso gran parte de la preocupación del ser humano está puesta en los cambios del medio ambiente terrestre en lo relativo al uso del suelo y la atmósfera. En realidad, el mar es probablemente más importante que la tierra y la atmósfera en lo relativo a la función del planeta en general. El mar, en particular el mar cercano a la costa, proporciona un importante servicio de asistencia al sistema terrestre al absorber y recuperar los residuos que produce el ser humano. Gran parte de los residuos de nitrógeno y fósforo producidos por las sociedades humanas, desde los fertilizantes hasta los excrementos animales y humanos, terminan finalmente en el mar cercano a las costas, donde se transforman de diversas maneras. Los problemas surgen cuando la magnitud de los residuos superan la capacidad de la naturaleza para absorberlos y transformarlos.

El excedente de nutrientes puede causar efectos negativos en el medio ambiente. Además muchos productos químicos  de los medicamentos y productos plásticos terminan en el mar, donde corren el riesgo de acumularse en elevadas concentraciones.

Sabemos que la resiliencia del planeta y la base de recursos no se pueden ampliar indefinidamente y somos incómodamente conscientes de que estamos en la dirección incorrecta.  La pregunta que resta formular es ¿cómo podemos manejar nuestra relación con la naturaleza de una mejor manera?

La capacidad del mar para absorber dióxido de carbono frena la velocidad de los cambios climáticos y funciona como un regulador del clima. Pero el servicio regulador más importante que el mar brinda a la humanidad es probablemente la difusión del calor y la humedad sobre el globo terráqueo a través de las corrientes marinas. La mayor parte de las precipitaciones que se registran sobre la Tierra tiene su origen en la evaporación proveniente del mar. Los seres humanos dependemos por completo del acceso al agua dulce, y los eventuales cambios de esas condiciones climáticas corren el riesgo de causar un efecto dominó en las sociedades humanas.

Otro ejemplo es la acidificación de los mares que tiene lugar cuando las mayores cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera reaccionan con el agua de mar y forman ácido carbónico. El grado de acidificación elevado resultante, principalmente cerca de la superficie, ha demostrado que frena el crecimiento de la caparazón y el esqueleto de muchos animales marinos, y se sospecha que causa toxicidad reproductiva en ciertos peces. Esta acidificación del ecosistema marino conduce al final del camino a menor resiliencia ante hechos extremos y presiones causadas por el hombre. Esto puede tener consecuencias drásticas para los arrecifes de corales y otra fauna marina, con efectos para la industria pesquera y turística, entre otras.

El hecho de comprender el viaje de la humanidad, de vivir como cazadores-recolectores, a ser la fuerza impulsora detrás de “La Gran Aceleración”, es parte importante en el proceso de modificar nuestro papel y pasar de ser utilizadores de recursos a convertirnos en gestores de todo el planeta.

Trabajar dentro de los límites del planeta

Aquí estamos. Conocemos el problema, sabemos que la resiliencia de la Tierra y los recursos no se puede ampliar indefinidamente y somos incómodamente conscientes de que estamos en la dirección incorrecta. La pregunta que resta formular es cómo podemos manejar mejor nuestra relación con la naturaleza. No solo somos la primera generación con conocimientos acerca de la manera en que influimos sobre el planeta, sino también la primera generación con poder real y con la responsabilidad de cambiar nuestra relación con el planeta en una escala global.

Está claro que tenemos una distribución desigual del poder y la responsabilidad, lo cual significa que los países desarrollados, que han sido impulsores durante La Gran Aceleración, deben demostrar liderazgo para cargar con los costes del cambio necesario.

Uno de los últimos y más significativos intentos de proporcionar directrices científicas para una mejor gestión tuvo lugar en 2009 con los llamados “límites planetarios”. Fue un intento de definir un “margen de maniobras seguro” para la humanidad y proponer límites dentro de los cuales pudiéramos continuar evolucionando, y cuáles no debíamos traspasar. Los nueve procesos planetarios fueron examinados y se propuso límites a siete de ellos: el cambio climático, la influencia sobre la capa de ozono en la estratósfera, la acidificación de los mares, la influencia sobre los ciclos de nitrógeno y fósforo, la pérdida de la diversidad biológica,  el cambio del uso del suelo y el uso de agua dulce. En 2015 fue publicada una versión actualizada del artículo de 2009. Esta nueva publicación mostraba que cuatro de los nueve límites planetarios han sido excedidos como resultado de la actividad humana. Estos cuatro límites son: el cambio climático, la pérdida de integridad de la biosfera, los cambios en el uso de la tierra y la alteración de los ciclos biogeoquímicos (fósforo y nitrógeno). De estos, el cambio climático y la integridad de la biosfera son llamados por los científicos “límites fundamentales”. Una alteración significativa de uno de estos dos límites conduciría al Sistema Tierra a un nuevo estado.

planetary boundaries

Límites planetarios: Las nueve cuñas rojas representan una estimación de la posición actual de cada límite. El interior verde sombreado representa la proposición de espacio operativo seguro. Steffen et al. 2015 indican que cuatro límites ya han sido excedidos.

El concepto se desarrolló en primer lugar para generar la investigación del sistema terrestre (Earth System Science), no con la intención de ofrecer un plan completo de desarrollo sostenible. La utilización de los límites planetarios para diseñar soluciones políticas recibió críticas y muchos han señalado, con razón, que las consecuencias de la toma de decisiones son, en sí mismas, un desafío de la investigación. Este es el motivo por el cual el marco original no se puede utilizar y traducir en medidas políticas.

UN Sustainable Development Goals

UN Sustainable Development Goals

Sin embargo en esta fase se puede utilizar como marco orientativo de la configuración de los nuevos objetivos de desarrollo sostenible (Sustainable Development Goals), que reemplazarán a los objetivos del milenio después de 2015.

Una perspectiva interesante posterior está constituida por los límites sociales propuesto por la británica Oxfam en su “modelo dona o rosquilla”. Este modelo demuestra la importancia de asegurar que todos los individuos tengan los recursos que necesitan para el cumplimiento de sus derechos humanos, mientras vivimos de manera colectiva dentro de los medios ecológicos del planeta. Los límites planetarios contribuyen también a trasladar el foco desde un énfasis unilateral de los cambios climáticos a una perspectiva sistémica compleja que pone el acento en que la deseada estabilidad del sistema terrestre depende de muchos factores diferentes y todos deben ser manejados, inclusive la explotación excesiva de la pesca, la deforestación, la pérdida de la diversidad biológica, etc. Una manera más holística de manejar los cambios climáticos también puede implicar sinergias. Por ejemplo, las medidas que disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero de manera global pueden mejorar la calidad del aire en las grandes ciudades.